La consejería bíblica es el proceso a través del cual un creyente maduro contribuye al crecimiento emocional y espiritual de un hijo de Dios por medio del poder del Espíritu Santo, bajo la autoridad de la Palabra y en el contexto de una comunidad cristiana; para que, a través de las circunstancias de la vida permitidas por Dios, esa persona pueda glorificar al Señor y crecer a la imagen de Cristo. La persona que imparte este tipo de consejera necesita, ante todo, haber nacido de nuevo y, además, haber madurado en la fe cristiana.
Una definición no será suficiente para entender lo que es la consejería bíblica. Por esa razón, creemos necesario definir algunos aspectos especiales de este tipo de consejería.
1) El Espíritu Santo como el mejor consejero
En el aposento alto, horas antes de Su crucifixión, el Señor Jesús dejó a Sus discípulos algunas de las enseñanzas más significativas de todo su entrenamiento. Con relación al Espíritu, Jesús les compartió grandes verdades para la vida cristiana que encuentran importantes aplicaciones en el proceso de consejería. Veamos algunas de estas enseñanzas en el Evangelio de Juan:
Pero el Consolador [gr. παρακλητος, paraklétos], el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en Mi nombre, Él les enseñará todas las cosas, y les recordará todo lo que les he dicho (Jn 14:26, énfasis añadido).
